
Me ha impresionado en este día histórico la imagen de las lágrimas de Jesse Jackson –tras conocer la victoria de Obama en las elecciones estadounidenses–. No voy a cambiar el título de este blog, que seguirá siendo Artículos de coña, pero me gustaría hablar de lágrimas, por una vez.
Os quiero hablar de una de mis cineastas favoritas, que no es especialista precisamente en comedia. Es más, no recuerdo ni siquiera momentos 'un poco divertidos' en los dramones que dirige. Se trata de Isabel Coixet, de quien todos esperamos que algún día se adentre en los terrenos de la comedia, como Greta Garbo, cuando hizo Ninotchka, que promocionaban con la frase 'La Garbo ríe'. Así que ya tendríamos eslogan para la comedia de esta directora: 'La Coixet ríe".
El caso es que en persona es divertida. No parece que tenga ese mundo interior tan dramático.
Coixet logró captar como nadie el momento en el que una persona se derrumba y ya no puede más y se echa a llorar. Fue en Cosas que nunca te dije, que para mí sigue siendo su mejor trabajo. Imposible que el espectador no se sienta muy identificado, porque Ann (Lili Taylor) ha sido abandonada por su novio, no tiene ganas de vivir, intenta suicidarse y como no lo consigue sigue viviendo, como por inercia, porque debe seguir avanzando, pero muy desanimada. Entonces llega a la tienda y descubre que se ha acabado el helado que le gusta y se echa a llorar. Y claro, la cosa resulta chocante, pues, ¿cómo es posible que alguien llore por algo tan nimio? Pero es que hay mucho trasfondo detrás.
Me quedo también con el personaje de Sarah Polley en Mi vida sin mí, una mujer casada con dos niños a la que le diagnostican un cáncer. Sólo le quedan dos meses de vida. Y aunque no le dice nada a los suyos, elabora una lista con lo que le queda por hacer, antes de morir:
1. Decir a mis hijas que las quiero varias veces al día.
2. Encontrar otra esposa para mi marido que les guste a las niñas.
3. Grabar mensajes de cumpleaños para las niñas hasta que cumplan los dieciocho.
4. Ir juntos a Whaleybay Beach y organizar un gran picnic.
5. Fumar y beber tanto como quiera.
6. Decir lo que pienso.
7. Hacer el amor con otros hombres para ver cómo es.
8. Lograr que alguien se enamore de mí.
9. Ir a ver a papá a la cárcel.
10.Ponerme uñas postizas y hacer algo con mi pelo.
El punto dos es conmovedor. Los otros no están mal, pero eso de buscarle otra madre a sus niñas, me dejó anonadado.
Creo que un buen cineasta es aquel que logra transmitir emociones. Tan complicado es provocar lágrimas, como provocar risas o terror (hablo de buenas películas que den miedo, que hay pocas). Quizás es una de las razones por las que me gusta pasar el tiempo encerrado en una sala oscura, pues para mí el DVD nunca será lo mismo. Como el cine no hay nada, aunque es una costumbre que se está perdiendo. La propia Coixet habló de la pérdida progresiva de espectadores en un libro que leí sobre ella, y he buscado la cita:
"Creo que la causa de la crisis del cine fundamentalmente es la pereza, que tiene que ver con la inmediatez, que ahora es un valor. Nosotros valorábamos el proceso de ir al cine, que es un acto en el que hay que salir, escoger, entrar. Ahora ha sido sustituido por cosas que producen satisfacción más inmediata: los videojuegos, los putos mensajitos, internet, el fútbol".
El caso es que en persona es divertida. No parece que tenga ese mundo interior tan dramático.
Coixet logró captar como nadie el momento en el que una persona se derrumba y ya no puede más y se echa a llorar. Fue en Cosas que nunca te dije, que para mí sigue siendo su mejor trabajo. Imposible que el espectador no se sienta muy identificado, porque Ann (Lili Taylor) ha sido abandonada por su novio, no tiene ganas de vivir, intenta suicidarse y como no lo consigue sigue viviendo, como por inercia, porque debe seguir avanzando, pero muy desanimada. Entonces llega a la tienda y descubre que se ha acabado el helado que le gusta y se echa a llorar. Y claro, la cosa resulta chocante, pues, ¿cómo es posible que alguien llore por algo tan nimio? Pero es que hay mucho trasfondo detrás.Me quedo también con el personaje de Sarah Polley en Mi vida sin mí, una mujer casada con dos niños a la que le diagnostican un cáncer. Sólo le quedan dos meses de vida. Y aunque no le dice nada a los suyos, elabora una lista con lo que le queda por hacer, antes de morir:
1. Decir a mis hijas que las quiero varias veces al día.
2. Encontrar otra esposa para mi marido que les guste a las niñas.
3. Grabar mensajes de cumpleaños para las niñas hasta que cumplan los dieciocho.
4. Ir juntos a Whaleybay Beach y organizar un gran picnic.
5. Fumar y beber tanto como quiera.
6. Decir lo que pienso.
7. Hacer el amor con otros hombres para ver cómo es.
8. Lograr que alguien se enamore de mí.
9. Ir a ver a papá a la cárcel.
10.Ponerme uñas postizas y hacer algo con mi pelo.
El punto dos es conmovedor. Los otros no están mal, pero eso de buscarle otra madre a sus niñas, me dejó anonadado.
Creo que un buen cineasta es aquel que logra transmitir emociones. Tan complicado es provocar lágrimas, como provocar risas o terror (hablo de buenas películas que den miedo, que hay pocas). Quizás es una de las razones por las que me gusta pasar el tiempo encerrado en una sala oscura, pues para mí el DVD nunca será lo mismo. Como el cine no hay nada, aunque es una costumbre que se está perdiendo. La propia Coixet habló de la pérdida progresiva de espectadores en un libro que leí sobre ella, y he buscado la cita:
"Creo que la causa de la crisis del cine fundamentalmente es la pereza, que tiene que ver con la inmediatez, que ahora es un valor. Nosotros valorábamos el proceso de ir al cine, que es un acto en el que hay que salir, escoger, entrar. Ahora ha sido sustituido por cosas que producen satisfacción más inmediata: los videojuegos, los putos mensajitos, internet, el fútbol".







