lunes, 29 de junio de 2009

Disgustos de tres en tres

No ganamos estos días los treintañeros para disgustos. Decían en una olvidada película de Clint Eastwood –La lista negra–, que los famosos morían de tres en tres.  Siempre me quedé intrigado con esa teoría. Se supone que cuando muere una celebridad, en poco tiempo un par de ellos más siguen sus pasos en su periplo al Más Allá. Nunca creí que fuera demasiado creíble hasta ahora, pues se nos han ido tres grandes mitos de mi infancia, uno detrás de otro. Tienen en común que eran grandes iconos de la cultura popular y que han dado mucho juego en los medios de todo el mundo, que han elevado estos días el nivel de morbo de sus informaciones hasta la estratosfera.

El primer disgusto nos lo dio David Carradine, el mítico Kung Fu. El pequeño saltamontes ya no dará más saltos, pues apareció en un hotel de Bangkok muerto en extrañas circunstancias. En realidad no se sabe cómo murió ni se sabrá nunca, pero se especula con un accidente sexual y varias otras hipótesis. Algunas son tan estrambóticas que nos hacen pedir a los periodistas que tengan un mínimo de seriedad. Se ha llegado a escribir que –al parecer según la familia– un grupo organizado quería acabar con su vida porque el chino con menos pinta de chino de la historia de la televisión le robó el papel de Kwai Chang Kaine al mismísimo Bruce Lee, otro que dio pie en su momento a todo tipo de teorías de la conspiración. ¿Por qué le habrán matado ahora cuarenta años después de la serie? Sí que han sido lentos estos estrambóticos sicarios. El caso es que nuestra niñez no hubiera sido la misma sin los diálogos de Carradine con su sabio maestro. “Maestro, si hay dos caminos, uno a la derecha y otro a la izquierda, ¿cómo sabré yo cuál me llevará a mi destino”, decía el rapado actor. “No importa cual camino escojas, cualquiera te llevará a tu destino, Pequeño saltamontes”.

A la hora de dar patadas en la televisión setentera, a Carradine sólo le superaba la actriz Farrah Fawcett, que nos dejaba poco después. La Jill Munroe de la serie Los ángeles de Charlie marcó una época. Los niños nos pegábamos en los recreos por el cromo de una colección de la época en la que salían especialmente favorecidos sus gigantescos ojos, mientras que las niñas y las no tan niñas se pasaban horas con el secador y el cepillo intentando imitar su peinado ‘feathered hair’, que se hizo muy popular. Sus curvas nos hacían tan felices que muchos relacionamos con ella la expresión ‘irse de farra’, o sea irse de fiesta. Y todos nos aprendimos una larga parrafada: “Había una vez tres muchachitas que fueron a una academia de policía. Les asignaron misiones muy peligrosas. Pero yo las aparté de todo aquello y ahora trabajan para mí. Yo me llamo Charlie”. Enseguida desapareció Farrah de los medios, porque dejó la serie que la catapultó a la fama para intentar triunfar en el cine, y no se comió una rosca. En sus últimos meses de vida salía mucho en los medios americanos, porque tenía un hijo en la cárcel, y estaba a punto de casarse con Ryan O’Neal, con quien llevaba 30 años manteniendo una Love Story.

Su muerte se vio no obstante eclipsada por la desaparición a las pocas de Michael Jackson. El rey del pop ha muerto, y desde luego ha causado una auténtica conmoción a sus incondicionales. Los nostálgicos siempre recordaremos aquella Nochevieja en que nos asustamos y bailamos con el videoclip ‘Thriller’, que cambió para siempre la historia de la música. Hace mucho ya de eso, tanto que por aquel entonces, Michael Jackson era negro. Fue un gran artista que quería no envejecer jamás, como Peter Pan, y por desgracia lo ha conseguido, pues ya nunca llegará a viejo.

He dejado de leer periódicos. Si estos días aparece la noticia de que han muerto en accidente de tráfico Epi y Blas, no podré soportarlo.

lunes, 15 de junio de 2009

El abogado del diablo

Este martes, 16 de junio, he organizado la entrega de la Medalla Homenaje del Círculo de Escritores Cinematográficos (CEC) al cineasta José Luis Borau. Yo mismo me encargaré de conducir el acto, de presentar al propio Borau, y de hacer un pequeño comentario sobre su vida y su obra. Servirá para que me reconcilie un poco con el cine español, tras las injurias constantes que le dedico en este blog, casi siempre merecidas, aunque también es cierto que entre tanto Torrente y Fuga de cerebros (una peli para descerebrados), también existen realizadores interesantes de hoy (Fernando León de Aranoa) y de ayer (Juan Antonio Bardem o el propio Borau), que han hecho películas memorables.

El acto tendrá lugar a las 19.30 en la Filmoteca Española, cine Doré. Lógicamente estáis todos invitados, aunque temo que después del enorme esfuerzo que he hecho para organizar esto, me lo boicoteen. Se da la circunstancia de que Borau es actualmente el abogado del diablo, pues ha sido nombrado presidente de la SGAE. ¿Aparecerán en la Filmoteca centenares de internautas enfervorecidos que pretendan pegarme? ¿Me confundirán con Ramoncín?

Al terminar la entrega de la medalla se proyecta una de las películas del propio Borau, La Sabina, protagonizada por Ángela Molina. ¡Es sobre una dragona! Desde este humilde blog expreso mi agradecimiento a la Filmoteca Española y a la Fundación Borau, si los cuáles no habría sido posible llegar a buen puerto.

jueves, 28 de mayo de 2009

No saber perder

Devoro una novela agridulce de David Trueba titulada Saber perder, pero estos días me estoy dando cuenta de que ya nadie sabe perder. Cuando yo era pequeño, era ya un perdedor y tiraba de un manotazo todas las piezas del ajedrez porque me habían hecho jaque mate. Pero también me daba cuenta de la grandeza de aquellos que perdían noblemente, sonreían e incluso felicitaban al ganador. Intenté imitarles y disimular el enfado de perder, pero ahora resulta que aquello de que lo importante es participar, que decía el barón de Coubertain, está ya más pasado de moda que la Arielita, a juzgar por las reacciones airadas que han tenido últimamente varias personas a quienes no les ha sonreído la suerte.

Por ejemplo, a Cristiano Ronaldo no le hizo mucha gracia que su equipo, el Manchester, perdiera ante el Barça la final de la Copa de Europa. por eso le hizo una fea entrada a Puyol, jugador rival, que le valió la tarjeta amarilla. “El Barça no mereció ganar en semifinales ante el Chelsea”, declaró este ilustre representante de la deportividad, y los valores deportivos. Pero bueno, ¿no sería mejor que te preocuparas de por qué tú no mereciste ganar la final –eso sí que está claro– y por eso la perdiste?


¿Y qué decir de Susan Boyle? La desaliñada participante de Britain's Got Talent, el programa británico tipo Operación Triunfo, ha sido el fenómeno de la temporada, ha salido en la prensa de todas partes, y ha pasado de ama de casa a celebridad. Pero no supo encajar quedar segunda en su programa, y estalló. Tras ponerse a gritar detrás del escenario que odiaba el programa, y tirarle agua a un colaborador, tuvo que ser ingresada en una clínica psiquiátrica.

Más delito tiene nuestra afamada representante en el festival de Eurovisión. Porque vamos a ver, si no sabes perder, ¿por qué te presentas a Eurovisión? Pero si no ganamos nunca desde los tiempos de Salomé (1969) y Massiel (1968) de quien se dice últimamente que TVE compró los votos para que triunfara. Si fuera por mí, ni nos presentaríamos ni nada, no merece la pena el esfuerzo. Nos habríamos ahorrado 20.000 euros que fue lo que costó mandar a Soraya a Eurovisión, según ha declarado en el congreso Luis Fernández, presidente de la corporación RTVE. Seamos serios. Ni el mayor optimista del mundo se creería que España puede ser favorita en Eurovisión, aunque mandáramos a un coro celestial. Este año en concreto había que estar loco para apostar por Soraya, que no canta mal, pero que interpretaba una canción más hortera que un cerdito con un lazo rosa y una muela de oro. Pero si quedamos demasiado bien. ¡Penúltimos! Creo que las votaciones fueron un poco injustas con los que quedaron después de nosotros. Nos fue incluso peor que con la bufonada de Chikilicuatre. Pues a Soraya ser penúltima no le ha sentado bien, así que le echa la culpa a TVE. “Es un castigo de Europa a TVE, porque no retransmitió la segunda semifinal”, ha explicado. “Europa se enfadó y empezaron con represalias” ha dicho la artista, y posiblemente se creerá que tiene razón, aunque por lo que tengo entendido la mitad de los votos los hacen por teléfono los fontaneros, oficinistas y ciudadanos de países como Lituania, que posiblemente no sepan si la semifinal de marras se ha emitido en España.

Por su parte Uribarri, el hombre que retransmitía Eurovisión desde que yo era pequeño –hace tantísimo tiempo que la televisión era en blanco y negro y no existían los móviles–, tampoco se ha tomado con humor que le hayan jubilado por fin. Uribarri acusa a su sustituto, José Luis Guzmán, de haberle menospreciado, y de hacer predicciones “con errores garrafales”. ¿Pero es que este hombre quería morirse retransmitiendo Eurovisión? Uribarri, deja paso a las nuevas generaciones, que yo cuando me jubilé me haré viajes del inserso, no pienso ni leer al que me sustituya en la blogosfera escribiendo artículos sobre la actualidad que nos depare el futuro.

Pero el que se lleva la palma (o mejor dicho no se la lleva) es nuestro Pedro. Al manchego más universal después del Quijote no le ha debido sentar demasiado bien no llevarse la Palma de Oro en Cannes, pues a continuación se enrabietó y lanzó una diatriba contra el corrosivo Carlos Boyero. Sí que es verdad que este crítico de El País no se distingue especialmente por su elegancia, pues sus comentarios eran bastante hirientes. Cuando se proyectó en la sección oficial la película del realizador, escribió en su periódico que no iba a volver a verla: "No soy masoquista, no voy a ver otra vez Los abrazos rotos". En su blog, Almodóvar puso a caldo al cronista: "Boyero no escribió una crítica de Los abrazos rotos. Al texto que esbozó en su periódico se le puede calificar de cualquier cosa excepto de crítica cinematográfica. (...) emplea el 75 por ciento del espacio para despotricar sobre mi persona (lo que ni siquiera es una novedad, porque lleva casi treinta años haciéndolo.

Pues bien, como crítico de cine entiendo que Boyero hace muy bien en decir lo que piensa. Lo que no comparto es su lenguaje brutal y descarnado que efectivamente le ha convertido en el crítico más popular (como a Losantos en el comentarista radiofónico más popular). Pero aunque defiendo a capa y espada la libertad de expresión, a mí no me parece que ofender e insultar sea demasiado ético. Lo que no acabo de comprender es por qué alguien de la talla de Pedro Almodóvar se rebaja a entrar al trapo en este asunto. ¡Pero si ha sido oscarizado y los americanos le tienen como el nuevo Fellini! Debería darle igual esta 'pecata minuta'. Pero en fin, ya sabemos que Almodóvar se fue de la Academia de Cine española después de que no se le premiase en una edición de los Goya, porque según dijo, no estaba de acuerdo con el sistema de votación. Almodóvar es otro ejemplo de mal perdedor.

sábado, 18 de abril de 2009

El 23-F de cerca (s)

Cuatro años llevaba esperando otro libro de Javier Cercas, tras La Velocidad de la luz (2005). Y va el hombre y nos sorprende con una especie de ensayo sobre el 23-F que se titula Anatomía de un instante. Mi primera reacción fue de decepción absoluta, e incluso de enojo. Encima que es un escritor lento -porque hay que reconocer que me encanta- pero es tan seguro como lento, va y escribe sobre un asunto que a priori, no me interesaba nada. O por lo menos sobre un tema sobre el que creía que ya lo sabía todo. El único volumen que estoy esperando ansiosamente relacionado con el 23 F es el libro autobiográfico de Adolfo Suárez, que su hijo Adolfo, Jr. ha prometido que publicará tras la muerte de su padre, y que seguro que ofrece respuesta a algunos de enigmas sobre el golpe de estado y otros asuntos de la Transición.

Al final empecé a leer Anatomía de un instante, pero confieso que únicamente porque me encanta Javier Cercas. No tenía a priori ningún interés. Es más, cuando empecé a leer el libro, descubrí que se limitaba a recopilar datos ya sabidos sobre el 23-F, sobre la Transición y sobre Adolfo Suárez. Alguna de sus conclusiones tienen gran interés, especialmente lo relativo a que su momento, el rey, explicando a diestro y siniestro que la situación de España era tan caótica que había que quitar a Suárez del poder como fuera, cimentó la placenta del golpe, e incluso dio alas a aquellos que pensaban que era necesario dar un golpe de estado, aunque éste al final se intentó llevar a cabo paradójicamente cuando el presidente del Gobierno ya había dimitido y se votaba la investidura de su sucesor. Viene a aportar Javier Cercas que cuando el golpista Alfonso Armada dejaba entrever que tras su conspiración estaba el rey, la hipótesis sonaba bastante creíble. También es bastante interesante el tratamiento que realiza de los personajes, ya que les reconoce aciertos al rey y a Suárez, pero también les achaca sus errores. Esto era una bocanada de aire fresco para mí tras la reciente película televisiva emitida por RTVE titulada 23-F, el día más difícil del rey, donde el monarca era una especie de superhombre con muchísima iniciativa y más preocupado por la Constitución que por su corona y su vida. Y yo me lo creo.

También me ha dado que pensar este libro sobre lo cerca que estuvo de triunfar el golpe. Sobre todo por la falta de oposición al mismo. Siempre nos tomamos todos el golpe un poco 'a chirigota', sobre todo porque el que había tomado el Congreso era un guardia civil que parecía sacado de un tebeo o una película de Berlanga. Pero la realidad es que nos salvamos por los pelos, y salvo el propio rey y El País, con su histórica editorial a favor de la democracia, hubo aquel día pocas más muestras de oposición a los sublevados. Que los españolitos bien que hicimos una manifestación masiva de adhesión a la democracia cuando ya había pasado todo, pero el mismo 23-F estábamos todos encerrados en casa y la única preocupación de cada uno era salvar el culo. Eso era también lo que parece que les preocupaba a los políticos, a los capitanes generales y al propio rey.

A medio libro me di cuenta de que me causaba una especie de efecto nostálgico. Y es que un libro que hablaba de Adolfo Suárez, de Gutiérrez Mellado y de Tejero me remitía directamente a mi infancia, como si estuviera leyendo un libro sobre Naranjito, Heidi, La bola de cristal o Mazinger Z. Que recordaba que aquel día no hubo cole, y me quedé en casa viendo La princesa y el pirata. Para los niños, el 23 F fue una fiesta. De hecho, otras aburridas tardes de colegio he soñado conque hubiera otro golpe de estado de ésos.

De todas formas, mientras leía el volumen, no acababa de entender muy bien a dónde quería llegar Javier Cercas, y por qué contaba esta historia. Seguía leyendo, y al final el autor se explica. Y todo ha cobrado sentido para mí. No es plan de reventarlo, pero digamos que el libro supone una reconciliación del propio autor con la generación de aquellos que hicieron la Transición, la de nuestros padres, ésos a los que les hemos echado en cara tantos y tantos errores. Y sin embargo, la conclusión es bastante clara: nos creíamos que nosotros lo habríamos hecho mucho mejor, pero es posible que hubiéramos cometido los mismos errores u otros peores. Resulta al final que el autor de Soldados de Salamina ha escrito un libro de reconciliación intergeneracional bastante emotivo. Creo sinceramente que Anatomía de un instante, de Javier Cercas, es un libro bastante importante.

jueves, 12 de marzo de 2009

El chico biónico + Videocrítica de 'Blindness'

Me quedé anonadado cuando leí en el periódico la siguiente noticia. Un finlandés se ha implantado un pendrive con conexión USB en el dedo. Con esto se hace realidad la fusión hombre-máquina que han predicho desde hace tiempo escritores 'cyberpunk' de ciencia ficción como William Gibson, y películas y series como Robocop y El inspector Gadget. Al parecer, el tipo perdió medio dedo anular en un accidente de moto, que se produjo porque atropelló a un ciervo, que cruzaba la carretera tan tranquilo, cerca de Helsinki.El médico que le implantó una prótesis en el dedo le propuso incluir dentro un pendrive, y él aceptó.

Desde entonces, el tipo se lleva consigo sus documentos de word, e incluso películas. Cuando quiere ver una peli, sólo tiene que meter el dedo en una salida USB del ordenador y ya está. Lo que no entiendo es por qué ha elegido precisamente llevar en el dedo un pendrive. Existen otras cientos de cosas más útiles que un ser humano podría implantarse en el dedo.

1. Un lápiz. Cuando era pequeño siempre soñé con poder escribir con el dedo. Para borrar no hace falta implantarse una goma, porque siempre he borrado con el dedo sin necesidad de prótesis. Además, cuando necesitas apuntar algo nunca encuentras un lápiz ni un boli a mano, y de esta forma se solucionaría el problema para siempre.

2. Una radio. Imaginad que entráis por la mañana en el autobús. Os miráis el dedo, os lo metéis en la oreja. ¡Y podéis escuchar los 40 principales! La gente del autobús se quedaría anonadada.

3. Un mechero. Yo antes ligaba tan poco como ahora, pero al menos, cuando la rubia explosiva me pedía fuego, como yo fumaba, podía darle lumbre y quedar bien. Ahora que dejé el vicio de fumar, ya no tengo fuego –sólo tengo fuego en el cuerpo–, pero imaginad lo chulo que quedaría que cuando la rubia te pida ayuda, tú saques el dedo, y salga una llamita. Seguro que te pide que le cuentes qué te has hecho –si no sale huyendo despavorida–.

4. Un vibrador. En el caso improbable de que la rubia citada se quisiera ir contigo, ibas a hacer maravillas con el dedo sin necesidad de esforzarte demasiado. Seguro que corre la voz y a partir de ese momento te conviertes en un triunfador.

5. Un revólver. Cuando tu jefe, o un atracador callejero, o un vendedor del Círculo de Lectores te toquen las narices, sólo tienes que apuntarles con el dedo, como cuando eras pequeño y jugabas 'a las pistolitas' –o como el gran Clint Eastwood en su última película–. Cuando se rían de ti, e insinúen que estás como un cencerro, puedes descerrajarles un tiro y volarles la tapa de los sesos. Para que aprendan.

Por cierto, esta semana hemos hecho una videocrítica de A ciegas (Blindness), adaptación de la estupenda novela de José Saramago Ensayo sobre la ceguera, dirigida por Fernando Meirelles, el director de Ciudad de Dios. También tuve la suerte de que este encantador cineasta me concediera una entrevista.


Entrevista con Fernando Meirelles:

Pincha aquí.

Videocrítica:

Festival 'friqui' en Madrid


Pasé el fin de semana pasado encerrado en el cine, concretamente en la VI Muestra Sci-Fi, de cine fantástico de Madrid. Cuando empezó este evento, se llamaba Calle 13, pero ahora ha cambiado de canal televisivo que lo patrocina. Nunca me lo pierdo, sobre todo por el buen ambiente que hay. 

Eso sí, es necesario especificar que es un ambiente un poco 'friqui', para apasionados del cine fantástico. Para que os hagáis una idea, cuando empezó la proyección de Surveillance, la película de la hija de David Lynch, los títulos de crédito anunciaban la presencia como secundario de Michael Ironside. ¡Y el público empezó a aplaudir en masa! Como sabréis los que seáis un poco friquis, Ironside es un legendario secundario, que ha hecho de malo en decenas de películas, como Desafío total, Los inmortales II, El nuevo Kárate Kid (la que cambiaba a Ralph Maccio por Hilary Swank) y hasta en El equipo A. Incluso los 'normales' le conoceréis de vista por la serie V. Efectivamente, hay que ser muy friqui para saber su nombre y venerarle, pero solté una lagrimita cuando la gente le aplaudió. "Estoy entre amigos", pensé.

Aunque algunas eran un poco malas, descubrí también un par de buenas películas. Recomiendo especialmente la citada Surveillance, en la que el padre de la directora, Mr. David Lynch, que ejerce como productor ejecutivo, parece que le ha echado una mano y le ha dado alguna que otra indicación a su hija. De hecho el argumento es típicamente 'lynchiano', pues Bill Pullman –qué viejo está, como pasa el tiempo– y Julia Ormond –qué mayor está, como pasa el tiempo– son dos agentes del FBI que acuden a un pueblo tipo Twin Peaks para investigar una serie de asesinatos. También incluye buenas dosis de humor negro y surrealista en la línea del cine de su padre. La anterior película de Jennifer Lynch, Mi obsesión por Helena –sobre un tipo que se obsesionaba con una chica, le cortaba las piernas y la metía en una caja–, era tan sumamente mala, que se ha pasado quince años sin dirigir, hasta ahora.


También descubrí la mejor película de vampiros en lo que llevamos de Milenio, Déjame entrar, una genial adaptación sueca de la brillante novela de John Ajvide Lindqvist.  Es como Crepúsculo pero buena. También plantea una bonita historia de amor humano-vampírica entre adolescentes, con las siguientes IMPORTANTES diferencias respecto a la execrable obra de Stephenie Meyers:

1. La chica es la vampiresa y el chico es el humano. Ambos se comportan como niños de 12 años, o sea que se sienten atraídos por el otro, pero están muy cortados y son un poco sosos.
2. La vampiresa muerde a la gente, y chupa sangre, como los de las películas de la Hammer. O sea, que es lo que yo entiendo por un vampiro, no 'esa cosa' que contiene su  sed de sangre por amor, para incitar a los adolescentes a mantener la castidad y hacer propaganda religiosa.
3. Es una historia de iniciación al sexo, entre personajes muy jóvenes que me hizo recordar mi propia adolescencia. Tiene una secuencia en la que ella se mete en la cama de él, que es una maravilla... ¡Hay sexo, como en la vida real! Entérate ya, Stephenie.
4. Hay violencia. Brutal. Por ejemplo, una secuencia en la que la niña muerde a un tipo desfigurado en la ventana de un hospital...

Déjame entrar es una vuelta de tuerca estupenda en el género vampírico. Me conmovió y me puso los pelos de punta a la vez. Es como la novela: brutal y lírica a la vez. Recuerdo como describe en el libro el autor a la protagonista, Eli, que tiene "los ojos de Samuel Beckett en la cara de Audrey Hepburn", o sea que es una combinación de sabiduría e ingenuidad... En fin, me ha devuelto a mi subgénero favorito, los vampiros, que andaban últimamente un poco de colmillos caídos.

jueves, 26 de febrero de 2009

Videocrítica de 'Che, guerrilla' + Genios del marketing

Por fin se ha desvelado el misterio. ¿Por qué era tan necesario que el Consorcio de Transportes de Madrid nos subiera dos veces el precio del abono transportes este año, en tiempos de crisis, contribuyendo a subir brutalmente la inflación? La repuesta ya está aquí. Era necesario que los viajeros nos rascásemos el bolsillo para realizar campañas de marketing ingeniosas y vitales,  llevadas a cabo por superingeniosos expertos en marketing, como 'Salumetro', lo último de lo último en campañas publicitarias.


Hacía unos días que había visto algunos de los numerosos carteles e indicadores que el suburbano se ha visto obligado a financiar con nuestro dinero y colocar en todas las estaciones. Pero por si acaso, Metro vela para que la campaña llegue a todos sus usuarios, como he podido comprobar esta mañana, en la que un grupo de chicos contratados expresamente al efecto me han dado uno de los folletos que generosamente distribuían a mansalva. El folleto informa de que puedes hacer ejercicio subiendo las escaleras andando, en lugar de decantarte por las escaleras mecánicas o el ascensor. Para facilitarme la decisión, una de las escaleras mecánicas larguísimas de la estación estaba estropeada, así que he tenido la oportunidad de probar esta nueva forma de hacer ejercicio.

"Con estos pequeños gestos, haces un poco de ejercicio y así te sentirás mejor el resto del día", asegura Metro. Además, después del ejercicio puedes tener totalmente gratis una sesión de sauna, ya que por la mañana no hay suficientes vagones, y el Metro va tan lleno de gente que alcanzas una temperatura bastante alta. 

Unas mentes tan privilegiadas como las que han justificado su sueldo –sin duda muy por debajo de lo que merecerían por tan insignes cerebros que poseen– probablemente nos tienen deparadas para el futuro otras campañas igualmente útiles e ingeniosas. Por ejemplo, propongo LigueMetro, una campaña con la que los solterones nos podemos ahorrar el gasto en páginas web de ligoteo y en 'Speed Dating'. Ya veo los lemas: Viaje usted en hora punta y conocerá íntimamente a muchas personas con las que va a estar apretado durante todo el trayecto, y así puede usted luego quedar luego a cenar con ellas. Aproveche los continuos retrasos de quince minutos en algunas líneas para hacer vida social y en lugar de desesperarse, entable conversación con los demás viajeros, a los que tendrá tiempo de conocer en profundidad.


Por cierto, esta semana hemos rodado la videocrítica de Che, guerrilla, la segunda parte del díptico sobre el revolucionario argentino, dirigido por Steven Soderberg:

Videocrítica:

Por fin llega 'Watchmen' al cine

Algo tenía que escribir aquí sobre Watchmen, adaptación de uno de mis cómics favoritos del guionista británico Alan Moore (como 'American Gothic' no hay nada, jejejejejeje). Y es que antes de ver la película despotricaba tanto sobre una posible versión cinematográfica de la cinta como el propio Moore.

Hace muchísimos años, Terry Gilliam iba a encargarse de dirigir la película y se fue a ver a Moore, para consultarle acerca de cómo la adaptaría él. Pero Moore le dijo que no se podía filmar. "Lo he escrito pensando en aquellas cosas que puede contar un cómic y que el cine ni la televisión no podrían", dijo Moore. Ahora que finalmente la ha rodado Zack Snyder, Moore ha pedido que quitaran su nombre de los títulos de crédito, y le ha cedido los 'royalties' a Dave Gibbons, el dibujante de la obra. Y por supuesto ha dicho que no la verá jamás. El propio Snyder aseguró en una entrevista que tenía la esperanza de que alguna vez cayera en sus manos una copia en DVD, le echara un vistazo y dijera que no está tan mal. Pues bien, Moore se ha apresurado a declarar que aunque llegara a sus manos el DVD, jamás echaría un vistazo a "esa jodida cosa".



Yo sí tenía curiosidad de ver "esa jodida cosa" a ver qué tal, pero entendía y compartía todos los prejuicios de Alan Moore. A la maestría de la obra, en mi caso debo añadirle grandes dosis de nostalgia. Leí Watchmen con 16 años esperando con impaciencia a que saliera cada mes un número nuevo. Llevaba una camiseta con el 'smile' ensangrentado de la serie, en los tiempos en los que triunfaba el Acid House, cuando se pusieron de moda las camisetas con un 'smile' que llevaba todo el mundo. Así que muchos tipos al verme, me decían que si era 'anti-acid'. Pero yo respondía: "No, soy el comediante". Y se marchaban pensando que estaba un poco mal de la cabeza –posiblemente con razón–.

Con tan agradables recuerdos, antes de empezar la proyección estaba convencido de que la película iba a ser un gran truño. Se apagaron las luces, empezó la película, y resultó que

¡WATCHMEN ES LA PUTA BOMBA, UNA JODIDA GENIALIDAD!

Snyder ha sabido reproducir muy bien las viñetas en cine. Sus imágenes son de lo más potente que he visto en mucho tiempo. Y no se echa de menos nada. Dura dos horas y cuarenta, pero cualquier fan reconocerá la obra de Moore. ¡Están las escenas buenas y las frases inolvidables! Falta la subtrama de los piratas, que ha rodado, y que formará parte de los extras del DVD, pero es que habría ralentizado la acción. 

Sus principal aportación a la obra original es la música. Ha escogido temas clásicos de rock, de Leonard Cohen, Bob Dylan y hasta Simon & Garfunkel que resulta que cuadran a la perfección con los momentos claves del film. También llama la atención la máscara de Rorschach, que si bien es cambiante como en el cómic, uno no se había imaginado cómo quedarían las manchas en movimiento en la pantalla.

Es más, estoy convencido de que le gustaría al propio Alan Moore. Es cierto que el hombre tiene razones para estar tan resentido. Todas las adaptaciones de sus obras –Desde el infierno, La liga de los hombres extraordinarios, V de Vendetta o Constantine– desmerecen brutalmente lo que él había creado. Pero esta vez, si por casualidad cambia un día de canal y están emitiendo Watchmen, sé que le iba a apasionar.