En mis mocedades triunfaba un grupo que se llamaba ídem, o sea Mocedades. Confieso que cuando aparecían en la tele, a mí me entraba muchísima pena, porque sus temas tenían unas letras terribles, trágicas y desgarradoras, vamos que ríete tú de una película codirigida por Isabel Coixet y Ken Loach. Y además, Amaya Uranga, la voluminosa cantante del grupo, ponía una cara tan triste cuando cantaba que hubiera deprimido al niño de los zapatos nuevos ése que se ponía como ejemplo de estar contento, como las castalueñas. ¡Si parecía una ovejita diabética a punto de ser descuartizada con una motosierra!No sé si ella ponía esa cara tan triste aposta para impresionar más a la audiencia, o si es que era así, y los compositores de letras pensaban que por sus problemas de obesidad mórbida lo pasaba fatal con los hombres, y se enamoraba de tipos que salían huyendo.
Por ejemplo: Tómame o déjame. Jamás he escuchado una letra tan deprimente. Los que escribían las tragedias griegas eran unos aprendices al lado del que escribió esta letra.
"Cuando llegas tarde a casa, no tienes por qué inventar, pues tu ropa huele a leña de otro hogar", decía la letra. Cuando yo era pequeño, me preguntaba si es que el hombre había estado encendiéndole la chimenea a la otra: a la querida. Se ve que a pesar de mi ingenuidad infantil, no iba mal encaminado, porque seguro que la había estado encendiendo, aunque fuera de otra forma.
Estos chicos que tenían pinta de pertenecer a alguna organización ultracatólica eran tan moralistas que advertían sobre los riesgos de la avaricia en otra de sus lacrimógenas canciones, titulada Maitechu mía, en la que encima les acompañaba Plácido Domingo. Era la historia de un tipo que dejaba a la 'churri' esperando, muerta de pena, porque estaba más preocupado por ganar pasta que por estar con ella. Y no vuelve hasta que no tiene suficiente dinero, claro que por entonces resulta que ella, ¡ya se ha muerto!
Aún más oscura todavía era una canción que se titulaba Le llamaban loca. Iba sobre una mujer enamorada de otro cabronazo que también la había dejado tirada, pero ella seguía estando tan embelesada que se le iba la olla. ¡Y venían los loqueros para llevársela al manicomio! Y unos hombres vestidos de blanco le dijeron ven...
Nunca supe si el compositor del tema, nada menos que el grandísimo José Luis Perales, se dio cuenta de que para los madrileños la canción tenía un significado muy distinto al que pretendía. ¡Los de la capital del reino somos todos laístas! No decimos de una mujer que "le llamaban loca", los castizos decimos que "la llamaban loca". Si "le llamaban loca" es que era un señor. Un señor un poco 'locaza', pero un hombre al fin y al cabo. Así fue como la canción se convirtió en un himno gay, que hablaba de la intolerancia hacia los homosexuales.
Y mi favorita era la desgarradora Secretaria. "La que escucha, escribe y calla". Es la historia de una sufrida secre, que ha dedicado su vida a trabajar como una esclava. El tipo se la quiere beneficiar: "Y al negarme a ser amable, me ignoraste y sólo fui tu secretaria". Pero ella, en lugar de denunciarle por acoso laboral, ni siquiera abandona el trabajo, y hasta le organiza las citas con las amantes. "Fui también la celestina de tus citas clandestinas...". Hasta elige las flores que supuestamente él les manda. Y encima después de todo eso, la mujer resulta que está "un poquito enamorada". Menuda historia. Y atención a los siniestros coros, y a la estética del grupo en este impagable vídeo.






