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viernes, 11 de septiembre de 2009

Canciones tristes de mis mocedades

En mis mocedades triunfaba un grupo que se llamaba ídem, o sea Mocedades. Confieso que cuando aparecían en la tele, a mí me entraba muchísima pena, porque sus temas tenían unas letras terribles, trágicas y desgarradoras, vamos que ríete tú de una película codirigida por Isabel Coixet y Ken Loach. Y además, Amaya Uranga, la voluminosa cantante del grupo, ponía una cara tan triste cuando cantaba que hubiera deprimido al niño de los zapatos nuevos ése que se ponía como ejemplo de estar contento, como las castalueñas. ¡Si parecía una ovejita diabética a punto de ser descuartizada con una motosierra!

No sé si ella ponía esa cara tan triste aposta para impresionar más a la audiencia, o si es que era así, y los compositores de letras pensaban que por sus problemas de obesidad mórbida lo pasaba fatal con los hombres, y se enamoraba de tipos que salían huyendo.

Por ejemplo: Tómame o déjame. Jamás he escuchado una letra tan deprimente. Los que escribían las tragedias griegas eran unos aprendices al lado del que escribió esta letra.



"Cuando llegas tarde a casa, no tienes por qué inventar, pues tu ropa huele a leña de otro hogar", decía la letra. Cuando yo era pequeño, me preguntaba si es que el hombre había estado encendiéndole la chimenea a la otra: a la querida. Se ve que a pesar de mi ingenuidad infantil, no iba mal encaminado, porque seguro que la había estado encendiendo, aunque fuera de otra forma.

Estos chicos que tenían pinta de pertenecer a alguna organización ultracatólica eran tan moralistas que advertían sobre los riesgos de la avaricia en otra de sus lacrimógenas canciones, titulada Maitechu mía, en la que encima les acompañaba Plácido Domingo. Era la historia de un tipo que dejaba a la 'churri' esperando, muerta de pena, porque estaba más preocupado por ganar pasta que por estar con ella. Y no vuelve hasta que no tiene suficiente dinero, claro que por entonces resulta que ella, ¡ya se ha muerto!



Aún más oscura todavía era una canción que se titulaba Le llamaban loca. Iba sobre una mujer enamorada de otro cabronazo que también la había dejado tirada, pero ella seguía estando tan embelesada que se le iba la olla. ¡Y venían los loqueros para llevársela al manicomio! Y unos hombres vestidos de blanco le dijeron ven...



Nunca supe si el compositor del tema, nada menos que el grandísimo José Luis Perales, se dio cuenta de que para los madrileños la canción tenía un significado muy distinto al que pretendía. ¡Los de la capital del reino somos todos laístas! No decimos de una mujer que "le llamaban loca", los castizos decimos que "la llamaban loca". Si "le llamaban loca" es que era un señor. Un señor un poco 'locaza', pero un hombre al fin y al cabo. Así fue como la canción se convirtió en un himno gay, que hablaba de la intolerancia hacia los homosexuales.

Y mi favorita era la desgarradora Secretaria. "La que escucha, escribe y calla". Es la historia de una sufrida secre, que ha dedicado su vida a trabajar como una esclava. El tipo se la quiere beneficiar: "Y al negarme a ser amable, me ignoraste y sólo fui tu secretaria". Pero ella, en lugar de denunciarle por acoso laboral, ni siquiera abandona el trabajo, y hasta le organiza las citas con las amantes. "Fui también la celestina de tus citas clandestinas...". Hasta elige las flores que supuestamente él les manda. Y encima después de todo eso, la mujer resulta que está "un poquito enamorada". Menuda historia. Y atención a los siniestros coros, y a la estética del grupo en este impagable vídeo.

lunes, 10 de noviembre de 2008

Encuentro en el metro

Salí del vagón de metro más cerca del sueño que del estado de vigilia, pues aunque mi padre siempre me decía que al final me acostumbraría a madrugar, la realidad es que cada día me desacostumbro más. Atisbé con el rabillo del ojo la mirada de una ex novia traumática, bueno no, más bien la Ex Novia Traumática con mayúsculas, que se cruzaba conmigo, y hacía un gesto de alegría como si hiciera mucho tiempo que no le amargaba la vida a nadie, lo que explicaría que le hiciera tanta ilusión verme, porque sino no hay otra interpretación posible. Saludé con la mano muy educadamente, aunque la verdad es que al mismo tiempo aceleré el paso para huir, lo que acabó definitivamente con cualquier apariencia de 'educación'. Quedé como un grosero.

Desde entonces decidí cambiar de estación de metro, no fuera que me la volviera a encontrar. Caminaba un buen trecho hasta otra parada. Y al día siguiente al ir a abrir la puerta del vestíbulo de la nueva estación, apareció ella otra vez. De frente. Sin posibilidad de escape. Por cierto, qué buena película era Posibilidad de escape, de Schrader, pero a diferencia del protagonista, Willem Dafoe, yo no tenía opción ninguna de escapar.

-Eres una pesadilla -le dije asustado. Es que me acordaba de esos dibujos animados en los que el Pato Lucas sale huyendo del cazador malvado que le acosa por la izquierda de la pantalla. Corre hacia la derecha y resulta que el cazador también le está esperando allí.

-No, tú eres la pesadilla -disparó, y yo perdí las plumas y el pico, como el Pato Lucas. Existe la probabilidad de que lea ésto, claro, porque se puede encontrar en el google (esto es una historia real, aunque no lo parezca). Quizás no me había llegado a despertar y tuve un mal sueño. Pero creo que ocurrió y que ella lo leerá. Aunque no cuento nada que ella no se haya imaginado ya. Más que pesadilla es pesadísima, además, no quiero ni imaginar qué tipo de ritual satánico debió llevar a cabo para darme esa 'sorpresita'. Es que me la imagino danzando desnuda y echando sapos y culebras en un puchero que luego se pondría a remover con un cucharón gigante, mientras sonreía pensando la cara que pondría con su aparición súbita. Sí, sí, tú huye de mí en el metro, que vas a alucinar...

-¿Y a dónde vas tú a estas horas? -pregunté para disimular que intercambiábamos un par de frases de cortesía y nos despedíamos.
-Yo vivo en el centro -dijo, pero es que le gusta recordar que 'vive en el centro', que para ella es ostentación de lo lejos que ha llegado en la vida. Venga a cuento o no, ella te recuerda que vive en el centro, como si viviera en La Moraleja- y ahora vengo de mi casa en el centro, porque yo vivo en el centro y voy al cine.

Estuvimos hablando de cine, pero no se me ocurrió otra cosa que comentarle que había visto la película de Van Damme, que comenté en el vídeo de la entrada anterior. Curiosamente, JVCD no es igual que el resto de bodrios protagonizados por él, sino que es un experimento muy marciano, un poco divertido, que me sorprendió gratamente. Pero ella hizo un gesto de desprecio absoluto, y se asustó, y me miró como si yo fuera una especie de majadero. No le falta razón, porque ¿a qué clase de lunático podría gustarle una película de Jean-Claude Van Damme? Y se fue, porque como ya había obtenido una victoria moral y yo estaba lo suficientemente humillado, dejé de interesarle por esa vez.

Me he cubierto de gloria recomendando la película de Van Damme. Los cuatro 'friquis' que no piensan que he perdido la poca credibilidad que tenía como crítico, y a los que he despertado la curiosidad porque les gustan ese tipo de bizarradas, resulta que han intentado ir a verla y no la ponen en ningún cine. La han estrenado concretamente en Madrid en dos cines de la periferia. Me lo dijo uno que vio la videocrítica y lo comprobé. Me imagino al del cine poniéndole la misma cara de asco que me puso a mí la Innombrable al distribuidor que intentaba que proyectara la última de Jean-Claude Van Damme. Le mandó a la porra. Y con razón.

Y me fui a casa a consolarme escuchando a los Vetusta Morla, porque me he enganchado a ellos por culpa de mi hermano Javier. Cabrón, vas a pagarme la entrada del concierto. Yo me resistía, porque como están tan de moda no podían tener ningún tipo de calidad. Iba a escucharlos para poder decir que eran muy malos. Pero es que resulta que son jodidamente buenos. Que yo diga eso de un grupo español debe tener su mérito, porque nunca había pasado. Y sí, bueno, he sido el último en engancharme, pero no podía resistirme a hablar de ellos porque cuanto más escucho el disco, más me asombran. No suenan decimonónicos, suenan originales. No parecen españoles (es que tengo con el rock español un problema parecido al que tengo con el cine español). ¿De dónde habrán salido? Es cosa de brujería también, un Expediente X. Pongo el vídeo famoso porque aunque ya lo hayáis visto cien veces, es que es absolutamente genial. El que dirigió el vídeo es un monstruo. Igual alguien no sabe que se rodó sin posibilidad de repetir el plano secuencia. Tiene mucho mérito.

viernes, 13 de junio de 2008

Madrid cosmopolita

¡Tantas cosas que contaros! ¡Tantas ideas para hacer entradas del blog! ¡Y lo poco que me dan de sí los días! He decidido resumir en breves líneas cada tema sobre el que os quería comentar algo.

1. Este mes se celebran dos curiosos acontecimientos en Madrid. El primero, sobradamente conocido, es el festival que han montado los de El Corte Inglés y que llevan anunciando a bombo y platillo, antes de que tuvieran confirmada ni una sola actuación. Entre el 27 y el 6 de Julio se celebra en Madrid el Rock in Rio.Yo voy, aunque dudo entre dos fechas. El caso es que el nombre viene de que las primeras ediciones (1985, 1991 y 2001) tuvieron lugar en Río de Janeiro, pero luego se decidió que era más rentable hacerlo itinerante, por lo que se ha celebrado en Lisboa y ahora en Madrid.

El segundo evento que alberga mi adorada ciudad es el FICEB, el Festival de cine erótico de Barcelona, que tiene lugar del 26 al 28 de junio. Ahí yo no voy, pues como he señalado en alguna ocasión no veo cine porno, aunque al final no he escrito todavía una entrada sobre ello porque no parece que la propuesta haya tenido una gran aceptación.

Y digo yo que es una buena idea traer el Rock in Rio y el Festival Erótico de Barcelona a Madrid. Ya puestos se podrían traer también el Festival de Cine de Cannes o la Bienal de Venecia. Y la Expo de Zaragoza la podrían reinstalar también aquí, así no tendríamos que viajar hasta allí para verla.

2. No suelo recomendar espectáculos en vivo o montajes teatrales en mi blog, por aquello de que suelo ver los que tienen lugar en Madrid y quienes no seáis de Madrid no tendréis mucho interés en ellos. Como ha estado de gira en muchos sitios, y puesto que la ocasión lo merece, hago una excepción con Felicitas, amor, crimen y misterio que se puede ver actualmente en el Teatro Gran Vía. Realmente, pocas veces he visto algo tan fresco. Es un montaje de Julio Bocca, el irrepetible e impresionante bailarín argentino que se retiró el año pasado y que ahora ejerce como director, por primera vez. Y la verdad es que ha reclutado a grandes figuras. Yo fui porque me dijeron que tenía que ver a Igor Yebra, que despertaba en mí todos los prejuicios del mundo, primero porque es el marido de Anne Igartiburu, que no es santa de mi devoción, y luego porque le veía demasiado alto para esto del ballet (no sé por qué, no me cuadraba nada). Lo cierto es que una vez que le he visto es justo reconocer que el chico 'se defiende'. Pero quien realmente me fascinó fue Cecilia Figaredo, que al parecer es la primera bailarina del ballet argentino, y que demuestra una sensibilidad hipnótica con sus movimientos de muñequita.

Las coreografías mezclan estilos más tradicionales y más modernillos, pues incluso actúa una compañía de tamboreros del Río de la Plata que recuerdan muchísimo a los percusionistas brasileños, y que animan por completo la función, sobre todo a la salida, porque mientras el público sale organizan una especie de batukada. Otra razón más para no perderse este montaje, aparte de la batukada, es que a la entrada y en el descanso te obsequian con un adictivo Frangelico, servido en vasos de exquisito chocolate. Como cuando yo fui había poca gente, me puse hasta arriba de chocolate con licor, gracias a que inicié una animada pero interesada conversación con la rubia que estaba repartiendo esta delicia a la izquierda de la puerta principal.

Por cierto, mucho presumir de que me dedico a la crítica de cine y todo eso, pero si me sacan del cine no tengo idea de nada, sobre todo de ballet. No tengo razones objetivas para defender este espectáculo y probablemente, los que entendéis más tendréis más conocimiento de causa. Sólo sé que eran bailarines de primera y que conectaron conmigo, por eso os lo he contado.

3. Para terminar con mis disquisiciones sobre música había planeado hablaros sobre Ennio Morricone. Pero ese gran genio italiano, compositor de piezas magistrales, como Cinema Paradiso, La misión o Los intocables de Elliot Ness, se ha visto obligado a retrasar su esperadísimo conciertazo del sábado 14 de junio en Madrid, con el Orfeón Donostiarra, por culpa de la huelga de transportes. ¡Qué gran jarro de agua fría para mí! En fin, mientras escribo, para consolarme, me he puesto la banda sonora de Érase una vez en América, y he llegado a la conclusión de que es un genio aún más grande de lo que ya pensaba.

Tiene otra banda sonora especialmente magistral: Novecento.

4. Hablando de cine, esta semana iba a hacer la videocrítica de El incidente, de M. Night Shyamalan, pero es que sinceramente, me ha aburrido. Resulta que yo soy de los pocos que defendía a Shyamalan contra viento y marea, a pesar de que casi nadie estaba de acuerdo conmigo. No sólo no estaban de acuerdo conmigo, sino que les enojaba terriblemente el cine de Shyamalan. Pues bien, tengo que reconocer que el hombre está en plena decadencia últimamente. Esta vez acierta en alguna cosa; por ejemplo, simplifica la trama, y no se enrolla con relatos mitológicos pesados de ninfas, como en La joven del agua, que aburrían a las moscas. Su mayor logro ha sido no interpretar él mismo a un personaje de peso, como en aquella cinta, ya que es un pésimo actor, y aunque sale, se le ve poco, en un pequeño cameo al final. Puesto que soy incondicional, pienso que tiene algún elemento interesante, pero esta vez se me ha hecho interminable y no me he asustado -Shyamalan sabía asustar mejor que nadie por regla general-. Y además, el film me recordaba mucho a la reciente La niebla, con la que tiene muchos elementos en común, y la comparación sería odiosa. Es mucho mejor y más terrorífica La niebla.


Toda esta parrafada viene a cuento de que no hice yo la videocrítica para no poner a caldo la película, y la ha hecho el ilustre crítico José María Aresté, que además es mi jefe, al que al parecer la cinta le ha emocionado brutalmente. La cuelgo aquí porque salgo como extra en una tontería que hacemos al principio.



5. Mucha gente piensa que detesto el cine español, y bien, lo cierto es que detesto el cine español. Para encontrar una película decente, como Solas o Te doy mis ojos, tienes que rebuscar entre centenares de bodrios infames. Las mujeres directoras elevan un poco la media de vez en cuando. A Gracia Querejeta, Icíar Bollaín y mi favorita, Isabel Coixet (aunque la considero una directora independiente americana) se une ahora Silvia Munt, con un esforzado primer largometraje de cine que se titula Pretextos y que se estrena hoy. No es redonda pero es sobre la necesidad de sentirse querido en las relaciones de pareja y otros temas de interés, y algunos de sus juegos casi experimentales tienen su gracia. Tuve la suerte de que la directora me concediera una entrevista, que se puede leer aquí.