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jueves, 15 de septiembre de 2011

Mi experiencia sobrecogedora en la playa

Para aprovechar el puente que tuvimos en Madrid el pasado fin de semana me fui de viaje a Gijón, donde se puede disfrutar de lo mejor de Asturias, la sidra, la inmejorable comida, en suma, de la buena vida. Aproveché la coyuntura para ir a la playa de San Lorenzo, puesto que hacía muy buen tiempo. Esto me recordó una anécdota que me ocurrió allí hace unos años, y pensé que era ideal para contársela a los lectores de este blog.

Corría el año 2005, cuando fui a la misma playa para tomar un baño. Me sorprendió que ondeara la bandera verde, pues casi siempre está la roja. Es lo que tiene el Cantábrico. No había bañistas, y eso que no llovía como casi siempre, sino que hacía un tiempo ideal. El lugar estaba tan desierto como la Gran Vía en Abre los ojos. ¿Dónde se había metido la gente?

Finalmente llegué a la conclusión de que habría fútbol (algún partido del siglo de esos que se disputan todas las semanas), o de que Belén Esteban estaría en la tele. Despreocupado, decidí darme el ansiado chapuzón. Estuve quince minutos en el agua nadando de un lado a otro cual Nemo, el pececillo, en remojo como los garbanzos antes de que vayan al cocido. En el agua tampoco había absolutamente nadie, pero prefería que fuera así a las aglomeraciones de playas como la de Benidorm, que parece que estás en el metro. Fui una vez y os aseguro que escuché por megafonía: “Próxima parada: Goya”.

Así las cosas, cuando me cansé, salí caminando hacia la orilla con una sonrisa de oreja a oreja. Aunque seguía todo vacío, pude distinguir a dos figuras humanas que se acercaban hacia mí a buen paso. Enseguida pude comprobar que se trataba de una reportera de la televisión local, acompañada de un cámara.

En cuanto me alcanzaron, ella me puso un micrófono en la boca tras interrogarme sobre una cuestión:

-¿Cómo es que se baña? ¿No tiene miedo del tiburón?

“¡Qué graciosa!”, pensé. Ni que estuviéramos en la peli de Spielberg del escualo.

–¿A qué tiburón se refiere?

-Se ha visto junto al puerto deportivo a un tiburón peregrino, ¿no se ha enterado?

En ese momento empezaron a temblarme las piernas, un sudor frío me recorrió todo el cuerpo, al tiempo que sentía un nudo en la garganta.

–No, hasta que no me lo ha dicho usted, no tenía ningún miedo, pero ahora estoy al borde del infarto…

viernes, 17 de septiembre de 2010

Tiburón, la venganza", uno de los peores bodrios jamás filmados

Leo en DECINE21 "La Cosa Rosa", que redacta con esmero con su pluma afilada la cronista social Estrella Martínez, y me fijo en una espeluznante noticia, tanto que la sección se podría llamar "La Cosa Negra". Resulta que a lo largo de "un buen día para pescar", un tipo que navegaba por las aguas de New Providence, la isla donde se rodó Tiburón, la venganza, capturó un escualo. Todo iba bien hasta que se fijó en el pequeño detalle de que en la boca del animal había una pierna, y dentro todo el señor.

Bueno, no, todo el señor menos la cabeza, que se ve que no le acabó de gustar y la había escupido.

La noticia me ha espeluznado, no sólo por el desgraciado suceso, sino porque me ha traído a la memoria la película de marras, Tiburón, la venganza, una de las peores películas de terror que he visto en mi vida.

En la cinta aparece Lorraine Gary, que tras ver el resultado de su trabajo debió quedar tan conmocionada que dejó el cine para siempre. La actriz vuelve a encarnar a Ellen Brody, la esposa del jefe de policía de Tiburón, el film original de Steven Spielberg. El marido ha fallecido, y ha sido sustituido en su cargo por uno de sus hijos, que aparece muerto, devorado por un gran tiburón blanco.

Ellen Brody llega a la conclusión de que la muerte no ha sido casual, sino que la bestia marina la tiene tomada con su familia. El tiburón debía ser rencoroso, y quiere ajustarles las cuentas porque el sheriff mató al de la primera parte, que debía ser un familiar suyo. Total, que la mujer decide volar lejos de allí, con su otro hijo, a las Bahamas. Pero claro, el bicho, no se sabe cómo, les persigue, nada todo lo que hace falta para irse detrás de ellos y continuar con su particular venganza. Vamos, que si la familia se llega a ocultar en Madrid, habría aparecido en el lago del Retiro.

No, nada de esta historia tiene sentido. Recuerdo que salía también Mario Van Peebles, capturado por el tiburón, que se lo llevaba entre sus fauces bajo el agua y se lo zampa. Pero en el último momento del film, resulta que el tipo ha permanecido vivo en el estómago de su atacante, como Geppetto en el interior de la ballena.

No se explica qué hace un gran actor como Michael Caine en este auténtico bodrio. Una vez, le preguntaron en una entrevista por qué había rodado una película tan tremenda. El actor lo tenía muy claro:

-¿Tremenda? ¡Tremenda es la casa que me compré con lo que me pagaron!

Siempre recordaré el final de la película porque resulta que el tiburón saca la cabeza fuera del agua en el momento en el que va a morir y grita y gruñe. O sea, como si te fueran a matar a ti y sumerges la cabeza en un barreño con agua y gritas.