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viernes, 23 de septiembre de 2011

El árbol que recuerda sus vidas pasadas

Cada año, ningún cinéfilo se puede perder la ganadora de la Palma de Oro en Cannes, galardón que han obtenido cintas como Roma, ciudad abierta, Breve encuentro, El tercer hombre, Viridiana, La conversación, Taxi Driver, Apocalypse Now y Pulp Fiction. ¡Ahí es nada! Pero los dos últimos años han triunfado películas diferentes, sobre las que existe una marcada división de opiniones.

Tras disfrutar de las potentes imágenes de El árbol de la vida, de Terrence Malick, no he podido evitar compararla con la que obtuvo el mismo honor el año pasado, Uncle Boonmee recuerda sus vidas pasadas, de Apichatpong Weerasethakul (intentad pronunciar el título y el nombre del director masticando un polvorón).

Cualquier director que aspire a llevarse la Palma de Oro, antes de ponerse a rodar, echará un vistazo a las dos últimas vencedoras, para ver por dónde van los tiros. Notará que ambas cintas guardan entre sí grandes similitudes que debería tener en cuenta para tener posibilidades en la próxima edición:

-Las dos son muy marcianas. Que se entienda la película no está de moda en el festival más selecto y cinéfilo. Con la de Malick se puede deducir más o menos de qué quiere hablar el director. Con la otra vaya usted a saber.

-Si acudes a un cine a ver cualquiera de las dos películas, impepinablemente alguien se levantará de su asiento y mientras grita "esto es para friquis", abandonará el cine.

-Si se te ocurre ir acompañado de tu novia/o a ver cualquiera de las dos, romperá inmediatamente contigo.

-Imprescindible para ganar incluir la palabra 'vida' en el título, como en el caso de las dos cintas o de La dolce vita, que también se llevó el premio. Aunque a La vida es bella se lo robó La eternidad y un día, al menos se llevó el Gran Premio del Jurado.

-Ambas cintas comienzan con vacas pastando. No se sabe muy bien si viene a cuento o no, o es que la vaca guarda un significado metafórico profundo.

-Tanto la una como la otra usan un envoltorio de postmodernidad para divulgar una sabiduría ancestral. Paradójicamente, ambas son muy chick, pero también muy espirituales, o sea 'molan' pero van sobre religión, una temática considerada en el mundo actual pasada de moda -se combate el vacío existencial con alcohol o cosas peores-. En el caso de Weerasethakul su film es sobre budismo, y el de Malick se inscribe en el catolicismo.

-En las dos películas hay monstruos. En la de Malick salen dinosaurios en plan Parque Jurásico, mientras que en la de Apichatpong Weerasethakul aparece un hombre-gorila que no se sabe muy bien cómo se convirtió en tal engendro. Propongo un cruce en plan Aliens vs. Predator, que podría titularse El dinosaurio de "El árbol de la vida" contra el simio de "Uncle Boonmee".

-Ambas cintas son pretenciosas, o sea no tratan pequeños temas como el absentismo laboral o la relación del hombre con los insectos. No, no... para llevarse la Palma de Oro hay que jugar fuerte. Las dos películas tratan de aportar en unas dos horas las claves sobre el sentido de la mortalidad y la trascendencia de la vida humana, en el caso de Apichatpong Weerasethakul al menos aparentemente, pues como no la entendí muy bien igual resulta que un día me encuentro con el director y me confiesa que en realidad iba sobre la cría del berberecho en África. Cualquiera sabe.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Tim Burton, fantasmas tailandeses y el monje que se ducha

Breve encuentro, El tercer hombre, Marty,La dolce vita, Viridiana, El gatopardo, La conversación, Taxi Driver, Apocalypse Now y Pulp Fiction. Todas ellas tienen dos cosas en común: son grandes obras maestras indiscutibles de la historia del cine, y han ganado la Palma de Oro en el Festival de Cannes.

Así las cosas, este humilde bloguero jamás deja pasar la ocasión de poder disfrutar en la gran pantalla el film que triunfe cada año en el certamen cuyo veredicto suele ser el más fiable y el que mejor ha soportado el paso del tiempo (echad un vistazo a las Conchas de Oro de San Sebastián y veréis qué grandes sorpresas).

Este año Tim Burton fue el presidente del jurado, y por tanto fue el máximo responsable de la excentricidad de premiar a una película tailandesa de fantasmas, Uncle Boonmee recuerda sus vidas pasadas, de Apichatpong Weerasethakul (a ver quién consigue aprenderse el nombrecito de marras). La esperaba con gran interés pues se impuso a grandes películas, ya que en esta edición también competían De Dioses y hombres, Biutiful -que es la última de Alejandro González Iñárritu-, Copia certificada -que a mí me apasionó- y la coreana Poesía, que se acaba de estrenar en España y que es buenísima.

Acudí por todas estas razones ilusionadísimo a verla, a pesar de que todos los que habían visto la película antes que yo, por ejemplo el autor de El Blog de Hildy, y los colegas que fueron al Festival de Sitges, me advirtieron que era una película más marciana que el boxeador Rocky Marciano. También resulta bastante significativo que Cahiers du Cinema la considere la cumbre de la postmodernidad.

Confieso también que me va la marcha, o sea que aprecio que un director consiga desorientarme, inquietarme, y hacerme sentir que no entiendo nada, a lo David Lynch, pero en este caso, por favor, ¡qué alguien me explique la película!

Os lo aseguro, la película va de un hombre a punto de fallecer, y entonces (cuidado, spoiler) se le aparecen el espectro de su mujer y de su hijo, ¡que se ha convertido en una especie de simio! Al hombre se le llevan a una cueva a morir, y después de su funeral -en el que los asistentes les dan monedas a su cuñada y a la hija de ésta- un monje sube a la habitación de estas dos mujeres para darse una ducha (fin del spoiler). ¡Eso es to... to... to... to.. todo, amigos!

A la salida del cine intenté que mi amiguete Pedro J., no el director de El Mundo, sino un "compi" que se llama Pedro Joaquín del Rey, me explicara sobre todo lo del monje duchándose, si tenía algún tipo de interpretación, si esas imágenes le sugerían algo o le producían alguna sensación, no sé... algo que explique por qué esta cinta ha recibido el premio más importante del año.

Espero que me lo cuente algún día Luis Miñarro, curioso personaje que merecería una entrada sólo sobre él en el blog, y que está al frente de la producción española de la cinta. Miñarro ha producido también otra de las películas más marcianas de la temporada, Aita, que sin embargo, y aunque también tiene 'narices', me produjo una extraña fascinación, y me hizo sentir cosas. Ojalá pudiera entrevistar algún día a Miñarro, que me "flipa" desde que vi una película dirigida por él que se llamaFamilystrip, en la que había filmado a sus padres hablando. Las imágenes iban a ser un regalo para sus progenitores en su aniversario de boda, pero se dio cuenta de que las anécdotas que contaban, sobre todo su madre, sobre la España de postguerra, tenían bastante interés, así que llegó a estrenarla en el cine.

En suma, que sólo el propio Miñarro me puede arrojar luz sobre la película de Apichatpong Weerasethakul. De momento, no me malinterpretéis, no es que no me haya gustado, sino que me declaro absolutamente incompetente para pronunciarme sobre ella sin más datos. Supongo que a Tim Burton le han estado pitando los oídos toda esta semana, desde que vi la cinta.